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08/07/2008
Análisis Clínicos Transaminasas
Análisis Clínicos Transaminasas
¿Cómo se realiza la prueba?
Las transaminasas son unas enzimas, principalmente localizadas en el hígado.Para determinar las transaminasas es necesario un análisis de sangre. Es una prueba sencilla que lo único que requiere es una extracción de sangre del paciente en ayunas y que generalmente se extrae de una vena del antebrazo. Previamente a la extracción es necesario que el paciente, unos días antes, haga una dieta en la que no sobrecargue el hígado, no tomando alcohol, escasas proteínas y grasas, y también es importante no realizar esfuerzos físicos importantes.
¿Qué son las transaminasas?
Las transaminasas son enzimas. En el organismo las enzimas permiten, por ejemplo, transformar sustancias. Dentro del grupo de las transaminasas las más importantes, ya que nos pueden indicar a través de un análisis de sangre que algo pasa en el organismo, son:
GOT: Transaminasa glutamicooxalacética. Está presente en casi todos los órganos, dentro de las células, y que cuando se encuentra en sangre en niveles muy elevados significa que ha habido destrucción celular.
GPT : Transaminasa glutamicopirúvica. Se localiza principalmente en el hígado y su misión es la fabricación de glucosa.
¿Cuáles son los niveles normales de transaminasas?
Los niveles normales de GOT en sangre son: 5-40 U/ml.
Los niveles normales de GPT son: 5-30 U/ml.
Cuando realizamos un análisis de sangre la proporción que nos encontramos de GOT en relación con GPT es: GOT / GPT: 1/3.
Se utilizan en la clínica para la confirmación diagnóstica del infarto agudo de miocardio (junto con la determinación de otras sustancias) y para el estudio de enfermedades hepáticas o musculares.
¿Cuándo se produce un aumento de las transaminasas?
Destacaremos en este apartado las patologías más habituales en las que se produce un aumento de las transaminasas.
Las más frecuentes son las:
Enfermedades del hígado: Destacan las hepatitis, el excesivo consumo de alcohol, cirrosis y todas aquellas enfermedades en las que se depositan sustancias en el hígado de forma excesiva, como la grasa (esteatosis hepática o hígado graso).
Enfermedades del páncreas: Cuando se inflama el páncreas, ya sea por el alcohol o por infecciones víricas, se produce también un aumento de las transaminasas.
Enfermedades del corazón: Es muy frecuente la elevación de las transaminasas en el infarto agudo de miocardio y en la insuficiencia cardíaca aguda.
Alteraciones musculares: Sobre todo, cuando hay destrucción de nuestros músculos por quemaduras, ejercicio excesivo etc.
Podríamos enumerar más causas de elevación de transaminasas pero las anteriores son las más frecuentes y sería excesivo añadir una lista de 20 enfermedades más y encima poco frecuentes que producen un aumento de estas enzimas.
Consejos para el Paciente
Es importante a la hora de proteger el hígado y evitar una alteración de las transaminasas, suprimir:
El alcohol
Las grasas
Los medicamentos hepatotóxicos
Las drogas
Recordar que el hígado es la mayor fábrica del cuerpo humano y casi siempre se altera por la ingesta, alimentación y hábitos, inadecuados.
Fuente:Saludalia
Mastopatía fibroquística
Mastopatía fibroquística
¿Qué es la mastopatía fibroquística?
Es raro encontrar una mujer mayor de 35 años a quien no le hayan dicho, en un examen físico mamario, ecográfico o mamográfico, que tiene quistes en la mama o que su mama es mastopática.
Es el trastorno benigno de la mama más frecuente y consiste en un aumento del tejido mamario, especialmente en las zonas superiores y externas de las mamas, hacia las axilas, que las hace más densas.
La mastopatía fibroquística suele presentarse en ambas mamas, aunque puede ser de diferente intensidad en una que en otra.
Puede presentarse a cualquier edad después del inicio de la menstruación, pero es más probable que aparezca entre los 30 años y la menopausia. Raramente se presenta más tarde de esa edad.
El origen de este trastorno es funcional y responde a desequilibrios de las hormonas sexuales femeninas y puede condicionar la aparición de quistes mamarios.
¿Cuándo sospechar que tengo una mastopatía fibroquística?
Cuando notas zonas nodulares más duras e irregulares en tus mamas que pueden doler, sobre todo, los días anteriores a la menstruación: "como si tuviera bultitos". En ocasiones notas verdaderos bultos que son quistes, con líquido en su interior que pueden producir dolor y pinchazos, redondeados y móviles y que se desplazan con facilidad. Su tamaño y consistencia es variable. Los más grandes suelen ser blandos y fluctúan, los de menor tamaño suelen ser algo más duros.
Es muy típico que los síntomas varíen en respuesta a los cambios hormonales y que se acentúen los días previos a la regla.
El objetivo principal del tratamiento es aliviar el dolor y/o reducir o eliminar los quistes.
¿Cómo puedo confirmar que tengo una mastopatía fibroquística?
Normalmente el diagnóstico surge tras un examen rutinario realizado por tu médico que a la exploración palpa la presencia de nódulos o quistes que pueden estar acompañados o no de dolor.
Si no tuvieras una mamografía reciente, la indicación de que te la realices será necesaria para confirmar el diagnóstico clínico. En la mayoría de las ocasiones la ecografía mamaria y la punción de los quistes para aspirar su contenido serán de gran ayuda para confirmar la naturaleza benigna de los quistes.
¿Cómo se trata la mastopatía fibroquística?
El objetivo principal del tratamiento es aliviar el dolor y/o reducir los quistes pero, el tratamiento, con fármacos hormonales y análgésicos, deberá ser individualizado y, en ocasiones, tendrán que realizarse punciones para aspirar el contenido de los quistes y así reducirlos de tamaño.
Fuente: Saludalia
01/07/2008
Hipertensión Endocraneal (HIC)
Hipertensión Endocraneal (HIC)
Introducción
Este síndrome se define por el aumento de la presión dentro del cráneo, que sobretodo en el adulto se comporta como una cavidad inexpandible. En su interior encontramos tres elementos principales: la masa encefálica (cerebro, cerebelo y tronco del encéfalo), sangre que circula por el interior de las arterias, las venas y senos venosos, y líquido cefalorraquídeo. Este líquido se produce en los plexos coroideos, situados principalmente en los ventrículos laterales, que están en el centro del cerebro, circula por su interior hasta llegar al espacio subaracnoideo, bañando la parte externa de todas las estructuras del sistema nervioso central, incluida la médula y es reabsorbido en las meninges. El aumento de cualquiera de estos tres componentes dará lugar a un síndrome de hipertensión endocraneal (HIC) y tenderá a desplazar al resto de componentes, produciendo una severa alteración en la función cerebral.
Se considera que la presión intracraneal en el adulto oscila entre los 10 y los 20 cm de H2O, el aumento por encima de estas cifras se considera hipertensión y el descenso por debajo hipotensión, siendo la causa más frecuente de este último síndrome la pérdida de líquido cefalorraquídeo por una fístula o similar, o tras una punción lumbar.
Causas
Atendiendo a lo dicho anteriormente y calcificándolo por los tres compartimentos definidos en el siguiente esquema se exponen las causas más frecuentes.
Cerebro: Traumatismos, tumores, infarto cerebral, infecciones (cerebritis, meningitis, abcesos…), enfermedades que afectan a todo el encéfalo como por ejemplo la hipoxia o la hiponatremia (disminución de sodio en plasma), etc.
Sangre: trombosis de algún seno venoso, síndrome de la vena cava superior (que dificulta el retorno de la sangre hacia el corazón, malformaciones arterio-venosas, aneurismas arteriales, hipercarbia (aumento de la cantidad de CO2 en sangre), hipoxia (disminución de la cantidad de oxigeno en sangre), etc.
Líquido cefalorraquídeo: hidrocefalia (arreabsortiva: cuando se acumula líquido por déficit de reabsorción, obstructiva: cuando existe un problema en el circuito normal de drenaje), hipertensión intracraneal benigna o pseudotumor cerebri (de causa desconocida), quistes aracnoideos de gran tamaño, neoplasias de los plexos coroideos.
Clínica
Las manifestaciones globales de la hipertensión intracraneal se pueden dividir en cuatro apartados que serán descritos a continuación: cefalea, vómitos, alteraciones oculares (tanto de la movilidad ocular como del fondo de ojo) y alteración de las constantes vitales.
Cefalea: típicamente se ha definido como un dolor holocraneal (que ocupa toda la cabeza), opresivo, que aumenta con el ejercicio o la tos o la maniobra de Valsalva (apretar con fuerza los músculos abdominales), es decir con los esfuerzos. Puede tener un componente postural empeorando con el decúbito (tumbarse) dado que en esta situación es más difícil el retorno venoso.
Vómitos: suelen tener un predominio matutino, y se han denominado en escopetazo porque no suelen precederse de nauseas.
Alteraciones Oculares: En este apartado hay que definir dos tipos de alteraciones, por un lado la del fondo de ojo que se caracteriza por la aparición de un edema de papila o hinchazón de la cabeza del nervio óptico y por otro la alteración de la movilidad conjugada de los ojos, que generará visión doble o diplopia. La causa más frecuente es por afectación del VI par craneal (que desplaza los ojos hacia fuera).
Alteración de las constantes vitales: sobre todo podremos observar una disminución de la frecuencia cardiaca (bradicardia) y un aumento de la presión arterial (hipertensión arterial).
Asociado a estos síntomas y signos podremos encontrar los de la causa que produce la HIC o signos de herniación cerebral. La herniación cerebral es de extraordinaria importancia porque suele ser una causa importante de riesgo vital en el síndrome de HIC. Se produce cuando se ejerce un eje de presión sobre una de las partes del cerebro o cerebelo y este se desplaza hacia uno de los "agujeros" por los que pasan las estructuras. Por ejemplo el cerebro puede herniarse por debajo de la hoz, que es una estructura que separa los dos hemisferios cerebrales, denominándose "herniación subfacial", del mismo modo puede desplazarse a través del tentorio que es una estructura meníngea que separa el cerebelo del cerebro, denominándose "transtentorial". Al igual que el cerebro el cerebelo también puede sufrir la herniación de las amígdalas cerebelosas a través del agujero magno y en este caso se la conoce como "herniación amigdalina".
Diagnóstico
Al explicar las causas que producen este síndrome se entiende que el diagnóstico se basará en una correcta historia clínica, exploración y en el uso de las técnicas de neuroimagen que en nuestros días nos pueden dar una información bastante fiable de lo que esta ocurriendo en el interior del cráneo.
Las técnicas de neuroimagen más útiles para la mayoría de casos son el TC (Tomografía computerizada) y la resonancia magnética. El TC esta basado en la radiación y es más rápido y disponible que la resonancia por esto se convierte en la técnica de elección sobretodo en los casos de urgencias. En función del resultado de este puede realizarse una resonancia para obtener información adicional y complementaria a la previa. Esta técnica no usa radiación, se basa en el principio de físico de la imantación del átomo de hidrógeno. Es menos accesible y más lenta que el TC.
En la mayoría de casos se debe establecer una mediación directa de la presión intracraneal, esto puede hacerse de la forma menos traumática de la que disponemos que es la punción lumbar. Si ésta se realiza en decúbito la presión que obtenemos es la medición de la presión en el interior del sistema. Pero en muchas ocasiones estará contraindicada porque puede desequilibrar el sistema y favorecer la progresión o aparición de herniaciones. Cuando existe un proceso expansivo que ejerce una cuña de presión sobre una estructura cerebral entonces se contraindica de forma total y absoluta la realización de una punción lumbar. En estos casos puede optarse por colocar un sensor directamente en la cabeza, se realiza un trépano o agujero en el cráneo y se coloca un sensor en la zona de las meninges, en el interior del cerebro o en el interior de los ventrículos.
Tratamiento
Existen varias líneas de actuación ante esta difícil situación. Éstas se dividirán en una serie de medidas generales y en unos tratamientos específicos.
Medidas generales:
Control de la respiración: el objetivo es evitar tanto la falta de oxigeno (hipoxia) como el exceso de CO2 (hipercapnia), ya que ambas situaciones provocan sufrimiento y tienden a provocar vasodilatación cerebral. En la mayoría de estos pacientes se utiliza la ventilación mecánica, es decir, mediante un tubo oro-traqueal se hace respirar al paciente, usando un aparato llamado respirador.
Control de la hemodinámica: se pretende conseguir unas tensiones arteriales que ayuden a la buena perfusión cerebral, para ello se evitará la hipertensión y la hipotensión extremas así como la alteración de la volemia o cantidad de líquido intravascular en nuestro organismo.
Posición de la cabeza: debe ser inclinada hacia arriba para favorecer el drenaje venoso.
Vigilancia de los factores que pueden agravar la HIC y que son básicamente: la sedación para que el paciente se adapte bien al respirador, la analgesia para evitar el dolor, el control estricto de la temperatura (ya que a más temperatura más HIC) y por último las crisis epilépticas, ya que éstas tanto si están asociadas a convulsiones o no pueden aumentar la presión.
Tratamiento específico:
Fármacos que ayuden a bajar la presión haciendo salir líquido del espacio extravascular (cerebro) hacia el intravascular para que pueda ser eliminado. Por ejemplo el manitol.
Hiperventilación: como se decía anteriormente se trataría de conseguir unas presiones altas de oxígeno en sangre y bajas de carbógeno o CO2.
Antiinflamatorios: los más potentes son los corticoesteroides, estando indicados cuando existe edema vasogénico (líquido localizado entre las células, a diferencia del citotóxicos que es cuando este acúmulo de líquido se produce dentro de la célula) como el que rodea a los tumores o los procesos infecciosos como los abcesos.
La inducción del coma anestésico también se ha postulado como una de las medidas especificas para el tratamiento de la HIC.
Derivación del liquido cefalorraquídeo: su indicación se restringe a aquellos casos en los que existe una hidrocefalia o acúmulo de líquido en el interior del cerebro.
Tratamiento quirúrgico: este tratamiento puede ser específico cuando se elimina la causa que produce el aumento de presión, como por ejemplo y como se decía anteriormente, quitando un absceso, un tumor o un hematoma. Pero también existen técnicas quirúrgicas mas inespecíficas para descomprimir el cerebro, éstas gozan de menos credibilidad, se denominan craneotomías descompresivas y se utilizan sobre todo tras traumatismos y en casos de edema cerebral maligno como en el caso de los infartos cerebrales.
Fuente:saludalia
La recuperación postoperatoria
La recuperación postoperatoria
La recuperacion postoperatoria
Programar bien la recuperación tras una intervención quirúrgica es indispensable para volver a la normalidad. Una intervención quirúrgica supone una agresión orgánica que debilita al paciente, en mayor o menor medida, en dependencia del tipo de intervención y de las características del paciente, edad, estado general y funcionamiento de sus órganos y sistemas. A la agresión que supone la propia operación es preciso añadir el efecto que causan las drogas anestésicas necesarias para poder operar al enfermo confortablemente.
Es difícil proponer un modelo de recuperación siendo tan variada la complejidad de las múltiples intervenciones quirúrgicas y tan dispar las características de los enfermos. Por ello nos guiaremos por una intervención de complejidad media en un paciente de mediana edad con un aceptable estado general.
La sala de despertar
Generalmente los pacientes son despertados por el anestesista en el propio quirófano tras una anestesia general. En el momento que son capaces de respirar espontáneamente se trasladan a la sala de despertar, al igual que los pacientes operados bajo anestesia regional (epidural, raquídea, bloqueo de plexos nerviosos). Los operados con anestesia local, salvo que concurran en ellos enfermedades secundarias severas (insuficiencia respiratoria, insuficiencia cardíaca), suelen ser devueltos a la habitación directamente.
La sala de despertar es una dependencia anexa a los quirófanos en la que se dispone un determinado número de puestos de recuperación. Cada uno de ellos está dotado con medios para la reanimación inmediata (oxígeno, gases, monitorización). Las salas de despertar de los modernos hospitales están atendidas por un anestesiólogo y personal de enfermería en número variado según el tamaño. En esta sala las constantes vitales (pulso, tensión arterial, oxigenación) se reflejan en un monitor continuamente, se vigila la normalidad de la respiración espontánea, la recuperación de la consciencia, se controla la estabilización del ritmo cardíaco, la perfusión de líquidos por los goteros y la recuperación de los reflejos.
Existen algunos tests que valoran la actividad, la respiración, el aparato circulatorio, el nivel de consciencia y el color de la piel, que permiten decidir el momento en el que el enfermo puede regresar a su habitación, pero por lo general su estancia en estas dependencias se prolonga una media de una hora. La aparición de problemas como la caída de la tensión arterial, trastornos del ritmo cardíaco, vómitos, obnubilación, dificultad respiratoria o dolor son tratados en esta sala hasta su control.
La unidad de cuidados intensivos
Las unidades de cuidados intensivos se reservan para aquellos pacientes que han sido sometidos a intervenciones de gran entidad como trasplante hepático, extirpación del páncreas, de la laringe, del esófago, intervenciones cerebrales, etc., o para aquellos otros que con intervenciones menos agresivas tienen un peor estado general.
Este tipo de unidades, de coste muy elevado, están preparadas con todos los medios de reanimación posibles, personal médico y de enfermería experto, y prestan asistencia superespecializada como puede ser ventilación pulmonar, asistencia cardíaca, renal, etc., teniendo a los pacientes monitorizados continuamente y con controles periódicos del medio interno (análisis de sangre, determinación de gases sanguíneos).
Su atención a los pacientes quirúrgicos durante las primeras 24-72 horas busca ayudarles en la recuperación de sus funciones normales cuando éstas están seriamente amenazadas y vigilarles estrechamente ante la aparición de algún signo premonitorio de complicaciones relacionadas con la propia cirugía (hemorragias, dehiscencias de sutura, infecciones) o con la situación general del enfermo (insuficiencia renal, neumonías, arritmias cardíacas).
Transcurrido el periodo de tiempo citado y si la evolución es favorable, los enfermos vuelven a su habitación normal para continuar la recuperación. En caso contrario, la evolución desfavorable obliga a aplicar cuantos tratamientos sean necesarios para la resolución de los problemas surgidos, incluida la necesidad de una reintervención.
El regreso a la habitación
Volver a la habitación tras una intervención quirúrgica, desde el quirófano, desde la sala de despertar o desde la unidad de cuidados intensivos, es un momento de especial trascendencia por un triple motivo: enorme satisfacción para el paciente al ser consciente de haber superado el trance de la operación, paso de unas dependencias donde la vigilancia ha sido estrecha durante su permanencia, a la habitación donde los controles no precisan ser tan meticulosos, y el reencuentro con los seres queridos, lo cual es generalmente motivo de alegría para los enfermos.
En el momento de la llegada el personal de enfermería y el médico responsable realizan una valoración detenida de las condiciones del paciente y ponen en marcha el conjunto de medidas postoperatorias previstas (control de constantes, medicación, goteros, alimentación, levantamiento, frecuencia de las curas de la herida). La buena coordinación con el personal de hospitalización es indispensable.
¿Cuándo se puede reanudar la alimentación?
Tras una anestesia general se recomienda reanudar la ingesta de líquidos y alimentos al cabo de unas 6 horas. Con la anestesia regional bastan 1 ó 2 horas y cuando se ha utilizado la anestesia local el enfermo puede beber y comer de inmediato. Debe hacerse progresivamente. Se comenzará con agua, tomando unos sorbos, en posición semisentada, para luego pasar a alimentos fáciles de digerir, siempre y cuando no surjan náuseas o vómitos.
La frecuencia de las náuseas y vómitos postoperatorios llegó a popularizar la creencia de que se "vomita la anestesia". En realidad los fármacos utilizados como anestésicos hace años que provocaban este tipo de trastornos fueron los responsables de la mala prensa que el despertar de la anestesia ha venido teniendo durante años. Hoy día los fármacos que se utilizan producen mínimos efectos secundarios y además los anestesiólogos suelen utilizar algún medicamento para prevenir la aparición de las molestas náuseas postoperatorias.
Situación especial es la de aquellos enfermos que por haber sido intervenidos del tubo digestivo o por paralización del intestino, secundaria a procesos como obstrucciones intestinales o peritonitis, necesitan mantener el ayuno de 1 a 7 días. En estos casos, lleven o no una sonda hasta el estómago para aspirar su contenido, es necesario el aporte por vena de líquidos, sales, glucosa y nutrientes. La comprobación clínica y a veces radiológica de la normalidad de las anastomosis y de la recuperación de los movimientos del intestino aconsejará el momento de reanudar la ingesta.
¿Cuándo puede el operado levantarse de la cama?
Durante años los pacientes han tenido la costumbre de permanecer postrados en cama los primeros días después de una operación, para tratar de evitar complicaciones de la herida a consecuencia de los esfuerzos del levantamiento. Hoy esta idea ha sido desterrada. Se sabe que la inmovilización en cama, sobre todo en pacientes mayores y con deficiente circulación en las extremidades inferiores, supone un importante riesgo de trombosis venosa de las piernas, embolia pulmonar, muchas veces letal, y neumonía, ésta última por retención de secreciones bronquiales.
Salvo algunos enfermos con fracturas óseas o luxaciones, que precisan inmovilización por las características del proceso, o aquellos otros enfermos que con múltiples catéteres o tubos de drenaje tienen difícil el levantamiento, en el resto es necesario reanudar de inmediato la movilización de las extremidades inferiores, en la misma cama, para mejorar el retorno de la sangre al corazón y evitar su estancamiento en pantorrillas.
Será suficiente conque el enfermo realice flexiones de tobillos y rodillas periódicamente. Si no aparece el mareo y la tensión arterial y el pulso son normales, sentarse en el borde de la cama, ayudados por el personal sanitario o por un familiar, y reanudar la deambulación puede ser posible al cabo de unos minutos (anestesia local), de un par de horas (anestesia regional) o de 4 a 5 horas (anestesia general).
Proteger la herida operatoria de movimientos bruscos o golpes y una buena analgesia, que evita el dolor y favorece la movilización, son indispensables cuando el paciente comience a caminar.
Fuente:saludalia
Diarrea del viajero
Diarrea del viajero
¿Qué se entiende por diarrea del viajero?
Se denomina diarrea a la evacuación repetida de excrementos (heces) líquidos o muy fluidos.
Llamamos diarrea del viajero a la presencia de diarrea aguda en personas que viajan a otros países y que la presentan, bien durante la visita a ese país, o poco después de haber vuelto del viaje.
Los lugares de alto riesgo incluyen áreas tropicales y lugares donde las condiciones sanitarias son deficientes.
En la mayoría de los casos es de curso benigno y autolimitado en el tiempo.
¿Cómo se produce y cuál es su mecanismo de transmisión?
La diarrea del viajero se debe a una infección por una bacteria, virus o parásito. Los microorganismos causales son muchos y probablemente son diferentes de un país a otro. Entre ellos y por frecuencia son: E.Coli, Shigela, Salmonella, Campylobacter, Rotavirus y Giardia Lamblia.
La vía de contagio de la enfermedad se produce por la ingesta de bebidas, principalmente por agua no potable y alimentos contaminados:
Vegetales frescos, carnes, pescados y mariscos, sobre todo crudos, que se han mantenido sin refrigeración durante algunas horas, alimentos poco cocidos y alimentos comprados a vendedores ambulantes o tomados en algunos restaurantes.
Mayonesa y alimentos que la contienen así como hamburguesas, salchichas, huevos y embutidos (en este caso, los alimentos se contaminan a partir de una persona portadora de la infección que manipula esos alimentos con deficiente aseo personal o bien por las aguas).
Así pues, la infección de los alimentos prácticamente siempre ocurre por:
Manipulación poco higiénica de los alimentos
Almacenamiento y conservación incorrecta
Conservación a temperatura ambiente
¿Cuáles son los síntomas habituales? ¿Cuáles son los síntomas habituales?
Se presenta habitualmente en personas previamente sanas que han viajado a países de alto riesgo donde existen unas condiciones sanitarias deficientes, en general, las regiones tropicales.
El comienzo suele ser en el segundo o tercer día de estancia, con una diarrea de comienzo brusco, de cuatro a diez o más deposiciones blandas y/o líquidas. Rara vez la diarrea se acompaña de sangre y de moco. A veces puede aparecer dolor de cabeza, cansancio, náuseas, vómitos, fiebre y dolor abdominal tipo cólico, como un retortijón.
El tiempo de duración suele ser de uno a cuatro días, si bien puede prolongarse hasta diez días.
¿Cómo se diagnostica?
Se sospecha por la presencia de diarrea en una persona que está de viaje o que ha regresado a su hogar recientemente.
Rara vez se realiza un estudio de las heces, pero si la diarrea es severa (6 o más deposiciones al día, acompañada de dolor abdominal, náuseas, vómitos o fiebre) o su duración es mayor de una o dos semanas, se debe confirmar mediante coprocultivos (análisis de una muestra de heces).
¿Cómo se debe tratar la diarrea?
El tratamiento es conservador, esto significa que en la mayoría de los casos va a ser suficiente las medidas higiénico-dietéticas (líquidos y electrolitos), no precisando de tratamiento farmacológico (antidiarréicos y antibióticos).
La mayoría de los casos se pueden tratar con reposo y dieta líquida:
Dieta líquida durante 12-24 horas:
Agua, agua de limón, agua de té.
Existen a la venta en las farmacias un preparado de rehidratación, la solución aconsejada por la organización mundial de la Salud (OMS) que contiene: glucosa, cloruro de sodio, bicarbonato de sodio y cloruro de potasio; se disuelve en 1 litro de agua hervida.
Si no es posible obtener este preparado, puede prepararse una solución equivalente (limonada alcalina) con:
1 litro de agua hervida
10 cucharadas soperas de azúcar
¾ de cucharada sopera de sal
½ cucharada sopera de bicarbonato de sodio
El jugo de uno o dos limones
El paciente debe tomar de una u otra solución 2-3 litros al día, en pequeños sorbos, para facilitar la tolerancia.
Dieta astringente:
Posteriormente se mantendrá al paciente con dieta astringente tipo: arroz cocido, yogurt.
No tomar ,durante los primeros días de la dieta, leche o derivados lácteos, frutas frescas, verduras y café.
El uso de antibióticos de manera rutinaria no está recomendado, únicamente cuando se lo indique su médico.
En general el pronóstico es bueno. La complicación más frecuente si no se toman las medidas anteriormente comentadas es la deshidratación.
¿Puede prevenirse este tipo de diarrea?
La prevención de la diarrea del viajero no es posible en la actualidad con los medios que disponemos, ya que la toma preventiva de antibióticos puede ocasionar efectos colaterales: molestias digestivas y reacciones cutáneas, así como ser un tratamiento innecesario y costoso para muchos viajeros.
Pero sí, cuando usted salga de viaje, debe poner en práctica la aplicación de las siguientes medidas dietéticas para disminuir aunque no eliminar el riesgo de contraer la diarrea del viajero.
En este sentido debe evitar:
Beber agua no potable principalmente en áreas rurales que carezcan de suministro de agua potable.
No comer vegetales frescos, carnes, pescados y mariscos (tipo "buffet", sobre todo alimentos crudos que se han mantenido sin refrigeración durante algunas horas, ni alimentos poco cocidos y tampoco alimentos comprados a vendedores ambulantes y en algunos restaurantes).
No tomar salsas, postres, agua corriente y leche.
Puede consumir cualquier alimento que sea servido muy caliente, frutas cítricas, pan y bebidas envasadas (sin cubitos de hielo).
Debe consultar con el médico de atención primaria si:
Tras tratamiento dietético durante 48-72 horas persiste la diarrea.
Más de 6-8 deposiciones al día.
Náuseas, vómitos y dolor abdominal persistentes.
Duración de la diarrea más de cinco días.
Sangre en las heces.
Signos de deshidratación: sequedad de piel y boca, sed intensa, cantidad de orina disminuida, ausencia de lágrimas en un niño que llora.
Siempre le puede tratar el médico de Atención Primaria y él será quién le indique el qué hacer.
En alguna ocasión, pacientes deshidratados o con vómitos que impidan la alimentación por vía oral precisarán de atención hospitalaria, por lo que acudirán si no disponen de médico de Atención Primaria al Servicio de Urgencias de un hospital.
Fuente:saludalia
26/06/2008
Desastrosa alimentación en clínicas y asilos de Alemania
Desastrosa alimentación en clínicas y asilos de Alemania
Pacientes en clínicas y asilos para ancianos son a menudo mal alimentados, sufren de desnutrición, tardan más en recuperarse y mueren más a menudo.
La medicina actual recurre cada vez más a refinadas técnicas, aparatos y medios de diagnóstico. Pero olvida algo esencial y muy fácil de llevar a la práctica: una alimentación balanceada y adecuada a las necesidades del paciente.
Tal el preocupante resultado del estudio “Nutrition Day”, en cuyo marco se analizó la alimentación de ancianos en asilos y pacientes de hospital en Alemania y otros países europeos.
El informe fue presentado por Cornel Sieber, catedrático de Geriatría en la Universidad de Núremberg y uno de los iniciadores del estudio, en el Congreso Anual 2008 de las Sociedades de Medicina Alimentaria de Alemania, Suiza y Austria, llevado a cabo en Hamburgo.
Nada menos que el 20 por ciento de los 6.000 pacientes que participaron en el estudio sufría de desnutrición. Pero Sieber estima que el porcentaje de pacientes subalimentados y mal alimentados es mucho mayor. Como la participación de las instituciones analizadas fue voluntaria, debe partirse que se trata de una selección de las mejores, dice Sieber.
Personal mal preparado
Los cuidados proporcionados a los pacientes en esas instituciones eran en general satisfactorios. No obstante, se constató que en muchos casos el personal no estaba en condiciones de reconocer un estado de desnutrición.
Hacer comer lo suficiente, sobre todo a personas mayores, no es, sin embargo, nada fácil. Pues a menudo los pacientes sufren de enfermedades y dolencias tales como demencia, Parkinson o parálisis faciales, que dificultan la ingestión de alimentos.
En el estudio se constató que la mitad de los pacientes en los hogares de ancianos analizados no podían comer solos. Una mala alimentación hace aumentar la mortalidad y conlleva el peligro de que el paciente no pueda volver a levantarse de la cama después de una infección o una operación.
Por ello, también personas mayores vigorosas deben cuidar de no perder mucho peso, dice Sieber. Pues en ese caso se reduce la masa muscular y, a diferencia de las personas jóvenes, generalmente no puede recuperarse. Cuanto menor es la masa muscular, mayor es la posibilidad de fracturas óseas, lo que genera un círculo vicioso de pérdida de músculos y decrepitud.
Excesivamente o demasiado poco
También en los hospitales y clínicas se tiene muy poco en cuenta que un buen estado alimentario de los pacientes evita complicaciones, acorta la convalecencia y mejora considerablemente las posibilidades de supervivencia.
En los centros de tratamiento intensivo (CTI) se han cometido en los últimos años muchos errores al respecto, dice el Dr. Georg Kreymann, de la Clínica de Medicina Intensiva de la Universidad de Hamburgo-Eppendorf. Hace algunos años se alimentó a los pacientes de CTI excesivamente y luego demasiado poco, con consecuencias igualmente negativas.
Una alimentación adecuada reduce considerablemente la mortalidad en la medicina intensiva. Por ello, el Dr. Arvid Weimann, de la Clínica de Cirugía General y Visceral de la Clínica St. Georg, de Leipzig, califica de preocupante el resultado de una encuesta realizada en varios hospitales alemanes: uno de cuatro pacientes analizados estaba mal alimentado, sobre todo personas mayores, enfermos de cáncer y pacientes con enfermedades del estómago y los intestinos.
Pablo Kummetz
Fuente: DW WORLD
24/06/2008
¿Qué es el cáncer renal?
¿Qué es el cáncer renal?
Los tumores renales pueden afectar a las vías urinarias o al propio tejido renal (parénquima). Pueden ser benignos o malignos. Nos vamos a centrar en los tumores malignos del parénquima renal, concretamente en el adenocarcinoma renal o hipernefroma, que es el más frecuente de los tumores malignos del riñón.
El hipernefroma es el tumor renal más frecuente. Aparece sobre todo en varones, en una proporción de 2/1, y entre la quinta y séptima década de la vida.
¿Qué lo produce y cómo se produce el adenocarcinoma renal?
El adenocarcinoma renal se origina en las células del túbulo contorneado proximal de la nefrona. Se han identificado numerosos agentes que podrían estar implicados en su desarrollo en animales, pero no se ha detectado ninguno específico en el caso del hombre.
El factor que podría estar implicado en el desarrollo de este tipo de tumor es el tabaco. Se ha visto relación directa entre la dosis de tabaco y el riesgo de padecer este tumor y también se ha visto relación con la duración en el tiempo del hábito al tabaco.
Los pacientes expuestos al cadmio corren un riesgo superior a desarrollar este tipo de tumor.
Desde el origen del tumor en el túbulo contorneado proximal, éste se puede propagar hasta invadir la cápsula propia, la fascia que la recubre y los órganos vecinos. El tumor también puede tener un crecimiento dentro del tejido renal, invadiendo el cáliz y la pelvis renal.
Otro método de difusión del tumor es a través de los ganglios linfáticos, tanto del hilio renal como de las cadenas retroperitoneales, que rodean los grandes vasos. Aún así, la diseminación más característica de este tumor, es a través de la vía venosa con formación frecuente de trombos tumorales que progresan a través de la vena renal. Así el tumor desde la vena renal, puede llegar por toda la circulación venosa, a órganos como el pulmón, el hígado y los huesos.
¿Cuándo sospechar que estamos ante un adenocarcinoma renal?
La forma de presentación clínica de este tumor es muy variable. Esto hace que a veces se diagnostique tarde, reduciendo las posibilidades de curación y supervivencia. Por eso es importante conocer los diferentes cuadros con los que puede debutar:
- Presentación incidental: se detecta de forma casual al realizar una ecografía o una TAC abdominal por otra causa.
- Presentación como enfermedad local: generalmente se manifiesta como dolor en la fosa renal o por hematuria (sangre en la orina). El dolor suele ser continuo y se produce cuando hay invasión de tejidos vecinos, distensión de la cápsula renal por el aumento de tamaño del tumor, o bien por obstrucción del uréter por coágulos de sangre (en este caso simula un cólico renal). En un 10-15 % de los casos se presenta con: hematuria, dolor y masa palpable, lo cual indica enfermedad avanzada y peor pronóstico.
- Síndromes paraneoplásicos:
Síndrome constitucional: pérdida de peso, fiebre o sudores nocturnos.
Alteraciones hematológicas: la presencia de anemia es relativamente frecuente. La elevación de la velocidad de sedimentación globular (VSG), considerado como un factor pronóstico de la enfermedad.
Hipercalcemia: elevación de las cifras de calcio en sangre. Puede deberse a varias razones, entre las que se encuentran una hiperproducción de vitamina D por el tumor, de sustancias que simulan la acción de la hormona PTH, o de prostaglandinas.
Disfunción hepática: consiste en un aumento de tamaño del hígado y del bazo.
- Enfermedad metastásica: un tercio de los pacientes presentan metástasis en el momento del diagnóstico. La diseminación puede ser por vía linfática o sanguínea. Por orden de frecuencia, se localizan en pulmón, ganglios linfáticos, hueso (costillas, vértebras, iliaco, fémur, etc), hepáticas, riñón contralateral, suprarrenal, cerebro, etc.
¿Cómo saber o confirmar que estamos ante un adenocarcinoma renal?
Se necesita realizar una serie de pruebas ante la sospecha de un cáncer de riñón:
- Pruebas de laboratorio: en el hemograma se puede detectar anemia, trombocitosis, elevación de la VSG, etc. La bioquímica de sangre puede revelar una hipercalcemia, alteraciones en el perfil hepático o en el proteinograma.
- Radiología:
Radiografía simple de abdomen: constituye uno de los escalones iniciales en el diagnóstico de esta enfermedad. Los signos más significativos son: el borramiento de la línea renopsoas y las calcificaciones que suelen ser centrales. Puede visualizarse una imagen de masa sobre la silueta renal.
Urografía intravenosa: cuando la masa a evaluar es menor de 3 cm la sensibilidad de la prueba es baja. No es el mejor método para el diagnóstico y estadiaje del carcinoma renal.
Ecografía: una de las principales ventajas de esta técnica es que no necesita inyectar contraste. Es muy útil en el diagnóstico de una masa renal.
Tomografía axial computerizada (TAC): se suele administrar contraste por vía oral con objeto de opacificar bien las asas intestinales para diferenciarlas de adenopatías retroperitoneales. El rendimiento de esta prueba es máximo en lesiones de menos de 2 cm de diámetro.
Resonancia magnética (RMN): es particularmente útil en pacientes en los que se desea evitar la administración de contraste intravenoso. La precisión diagnóstica es equiparable a la de la TAC. La desventaja es que es una técnica cara, más que la TAC.
- Medicina nuclear:
Gammagrafía ósea: se utiliza como método de estadiaje para detectar metástasis óseas.
Renograma isotópico: explora la función del riñón estudiado así como datos de la morfología del mismo. Está indicado en pacientes con dudas acerca de la función renal global, en los que se plantea la cirugía (ayudan a decidir entre quitar el riñón entero o sólo una parte.
- Arteriografía: la realización de esta prueba se basa en que aproximadamente un 80% de estos tumores son hipervascularizados. Solo está indicado hacerla en determinadas circunstancias.
¿Cómo se soluciona?
En el caso de enfermedad localizada, el tratamiento de elección es la nefrectomía radical, es decir, quitar todo el riñón afectado. En el caso de tumores menores a 3 cm se puede hacer nefrectomía parcial aunque según algunos autores es preferible incluso en estos casos la cirugía radical.
Cuando estamos ante una enfermedad diseminada, la cirugía en estos casos es sólo paliativa, para mejorar la calidad de vida del paciente. Este tipo de tumor no suele responder al tratamiento con quimioterapia.
¿Qué consecuencias puede tener?
El pronóstico de esta enfermedad depende de varios factores, como el estadio tumoral (invasión local y metástasis regionales o a distancia), el tamaño (mayor de 7 cm), el grado de diferenciación celular, así como el tipo histológico. Otros datos pueden ser la elevación de la VSG, hipercalcemia, etc.
La supervivencia media a los 5 años es alrededor de un 50%. Si existen ganglios linfáticos positivos, o bien metástasis a distancia, desciende a menos del 20% a los 5 años
Arteriografía
Arteriografía
¿En qué consiste una arteriografía?
La arteriografía es una técnica de imagen que consiste en el estudio de estructuras vasculares mediante su opacificación con un material de contraste para su observación posterior en un equipo de rayos-X. De esta manera se puede conocer el estado de la vascularización de un territorio anatómico u órgano. Por ello hablamos de arteriografía renal, pulmonar, etc. Esta prueba se conoce también como Angiograma ó Angiografía.
¿Cuáles son sus indicaciones?
La arteriografía se utiliza para hacer diagnósticos específicos ayudando a identificar y localizar oclusiones (cierre de los vasos), áreas de estrechez o de dilatación, o sitios de sangrado, o malformaciones de los vasos sanguíneos. También se realiza el examen cuando una persona tiene síntomas de enfermedad vascular (aguda o crónica), por ejemplo en la extremidad o después de un trauma. En muchas ocasiones, además de ser una herramienta diagnóstica, puede ayudar a determinar el mejor tratamiento, el cual puede realizarse utilizando el mismo tipo de catéteres utilizados en la arteriografía, en lugar de requerir una cirugía más extensa.
¿Cómo se realiza esta prueba?
Este estudio se realiza en el hospital o en un centro de atención ambulatoria que disponga de un laboratorio especial que disponga de todos los medios técnicos y profesionales para solucionar cualquier complicación. La técnica se realiza tras la obtención del consentimiento informado firmado por el paciente, documento que explica en qué consiste estas técnica, sus riesgos y posibles alternativas. Para proceder a su realización, se debe rasurar y desinfectar el área donde se va a insertar el catéter (tubo flexible), previa administración de anestésico local. Este procedimiento se controla por medio de un fluoroscopio (un tipo de rayos X que proyecta las imágenes en una pantalla de televisión). El catéter se mantiene abierto lavándolo periódicamente con una solución salina que contiene heparina, la cual impide que la sangre se coagule dentro del mismo.Una vez que el catéter se ha colocado en el vaso sanguíneo de interés, se inyecta el medio de contraste y se toman las imágenes. Si el paciente está muy ansioso, se puede administrar un sedante. Durante este procedimiento se monitorizan el pulso (ritmo cardíaco), la presión sanguínea y la respiración. Después de tomar las radiografías se retiran el catéter y la aguja e inmediatamente se ejerce presión en el lugar de inserción durante 10 ó 15 minutos para detener el sangrado. Después de esto, se revisa el área y se coloca un vendaje ajustado.
¿Qué preparación precisa esta técnica?
Previo a su realización, el paciente debe suspender el consumo de alimentos sólidos y líquidos ocho horas antes y es posible que sea necesario suspender algunos medicamentos, como aspirina u otros anticoagulantes, antes del procedimiento. Sin embargo, ningún medicamento se puede descontinuar a menos que el médico lo haya aconsejado. Se debe informar al médico si la paciente está embarazada, si tiene alergias a algún medicamento, sobre los medicamentos que está tomando (incluyendo cualquier preparación homeopática a base de hierbas), si ha tenido problemas previos de sangrado, o si ha presentados reacción alérgica al medio de contraste o a sustancias con yodo.
¿Se siente alguna molestia durante la realización de esta prueba?
Dependiendo del tipo de arteriografía, es posible que el paciente experimente diversos síntomas cuando el médico inyecta el medio de contraste. Por ejemplo, con un arteriografía de la cabeza se puede sentir una breve sensación de flujo repentino de agua en esta parte. Si la vía intravenosa se coloca en la ingle, se le pide al paciente acostarse horizontalmente sobre la espalda durante algunas horas después del examen para evitar sangrado, lo que puede causar molestias leves en la espalda.
¿Cómo se interpretan los resultados de esta prueba?
Los valores normales dependen de la indicación de la prueba, obteniéndose la imagen de la anatomía normal del territorio vascular estudiado. Los resultados anormales consisten en la presencia de malformaciones, obstrucciones ó dilataciones de los vasos, así como la presencia de trombos, entre otros.
Meningitis y sepsis: conocer los síntomas puede salvar vidas
Meningitis y sepsis: conocer los síntomas puede salvar vidas
Tanto la meningitis bacteriana como la sepsis son enfermedades muy graves, que atacan sin avisar, y que pueden acarrear graves consecuencias en tan sólo horas. Por ello, un diagnóstico a tiempo, puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.
La meningitis y, sobre todo, la sepsis son enfermedades que pueden causar la muerte en menos de 24 horas si no se diagnostican y tratan a tiempo. De hecho, en 2007 fallecieron en nuestro país más de 120 personas a causa de estas enfermedades, y en muchos otros casos pueden dejar secuelas graves irreversibles.
En España esta enfermedad tiene una incidencia de aproximadamente 2.000 casos al año, siendo los públicos de mayor riesgo los niños menores de 5 años, jóvenes de entre 15 y 24 años, y mayores de 65 años, aunque los expertos aseguran que es una enfermedad que también puede aparecer en adolescentes y en personas mayores.
Sin embargo, y a pesar de estos datos, la mayoría de los ciudadanos desconocen los síntomas propios de la meningitis y la sepsis bacteriana a pesar de considerarla muy grave y peligrosa en edad infantil, tal y como señalan los resultados de un estudio realizado por la Fundación Irene Megías contra la Meningitis gracias a la financiación del Ministerio de Sanidad y Consumo.
En este sentido, la encuesta contó con más de 1.500 ciudadanos de los que casi la mitad, un 45 por ciento, reconocieron haber conocido personalmente algún caso de meningitis en su entorno más cercano. De igual modo, un 40 por ciento consideraron esta enfermedad como la más grave en la infancia y presenta un nivel de preocupación de 7,7 puntos sobre 10, siendo así la más temida tan sólo por detrás del cáncer y el sida.
Qué es la meningitis
La meningitis y la sepsis golpean indiscriminadamente, brutalmente y sin avisar. Desde la aparición de los primeros síntomas, la persona afectada puede estar luchando por su vida en un hospital en cuestión de horas.
Se trata, por tanto, de una enfermedad muy temida en la que se infectan las membranas (meninges) que envuelven el cerebro y la médula espinal. Por su parte, la sepsis se origina cuando la infección se produce en la sangre. Ésta es responsable de la mayoría de las muertes causadas por ambas enfermedades.
Hay dos grandes grupos de meningitis, que sólo se parecen en el nombre: las producidas por virus (meningitis víricas), que son benignas, y las producidas por bacterias (meningitis bacterianas), que pueden ser graves, provocando secuelas como sordera, amputación de miembros, lesiones cerebrales y, en algún caso, incluso la muerte.